Martín Vizcarra legitima su presidencia en 6 meses

Lima –

Seis meses después de asumir el poder como “sobreviviente designado”, el presidente peruano Martín Vizcarra golpeó la mesa y forzó a la oposición a concederle, a regañadientes, un voto de confianza en el Congreso, ganando legitimidad.

“Sin duda se puede hablar de un balance positivo, el presidente de hoy no es el de hace tres o seis meses”, dice el legislador opositor socialdemócrata Jorge del Castillo.

Cuando asumió el 23 de marzo, este ingeniero austero y pragmático prometió combatir la corrupción y “tiempos mejores” para un país cuyos cuatro anteriores presidentes están bajo investigación.

Muchos presagiaban que sería un gobernante débil, como su antecesor Pedro Pablo Kuzcynski, quien renunció el 21 de marzo acorralado por el Congreso dominado por el partido de Keiko Fujimori, Fuerza Popular. Antes era el primer vicepresidente de Perú.

“Llegó como un desconocido, era una suerte de ‘sobreviviente designado’ como ocurre en una serie de televisión de Netflix, y ahora la gente se identifica con él”, dice el analista político Fernando Tuesta. “Una de las cosas que desarrolló en estos meses es la potencialización de su legitimidad”, en un país que desde la década de los 90 vive polarizado entre fujimoristas y antifujimoristas, agrega.

La ‘luna de miel’ entre Vizcarra y Keiko terminó el 28 de julio, dos semanas después de que estallara un escándalo de corrupción en el poder judicial, cuando el mandatario lanzó una propuesta de reforma constitucional que, de paso, amenazaba el dominio fujimorista en el parlamento.

El proyecto recibió apoyo inmediato de la ciudadanía, pero no del congreso. Entonces Vizcarra amenazó con usar una estrategia constitucional para cerrar el congreso y llamar a elecciones legislativas si no aprobaban lo enviado. Dos días después el Congreso aprobó por unanimidad la reforma judicial y se comprometió a aprobar las restantes antes del 4 de octubre, para que sean sometidas a referéndum el 9 de diciembre. Seguramente querían evitar someterse al veredicto de las urnas en momentos en que el 82% de los peruanos desaprueba al Congreso.

Pese a la victoria, el desafío de Vizcarra es de largo aliento ya que debe convivir hasta 2021 con la bancada fujimorista, que le respira en la nuca. Por ende, observadores creen que necesita mostrar resultados en la economía peruana. (I)

Tomado de El Universo – Ecuador

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