San Francisco de Asís, ejemplo de la sencillez

Uno de los personajes santos más extraordinarios que ha dado la Iglesia católica, es sin duda Francisco de Asís. Él es el prototipo de hombre entregado con fervor a una causa, y esta fue a Cristo y los pobres.

Nacido en Asís en 1181, en el seno de una familia de ricos comerciantes, el futuro santo tenía todo para convertirse en uno de los hombres más poderosos de Asís, pero una revelación divina lo apartó de ese camino y lo guió a servir a Dios.

Poseedor de una personalidad fuerte y magnética, Francisco se creía llamado por Jesucristo para predicar la pobreza y la sencillez como normas de vida. Por este motivo el santo de Asís asumió una vida donde la humildad, la pobreza, la penitencia y la solidaridad, más la observancia del rigor de los evangelios y la obediencia a la Iglesia, se convirtieron en la piedra fundamental de la que después sería la orden de los Franciscanos.

Desde el momento que comenzó a predicar y ganar adeptos, Francisco y sus seguidores se dedicaron a reconstruir iglesias en ruinas, a asistir a los enfermos, ayudar en la siembra a los agricultores. Para cuando el papa Inocencio III aprueba la creación de la orden franciscana en 1209, esta tenía ya cientos de seguidores.

Los franciscanos están estructurados como los Frailes Menores, las Hermanas Descalzas y los Hermanos y Hermanas de Penitencia, que serían conocidos como la Primera, Segunda y Tercera Orden de San Francisco.

Un acontecimiento que trascendería el tiempo fue la celebración de la Navidad por parte de Francisco, festividad que le entusiasmaba, así que en 1223 en la localidad italiana de Greccio, con esa originalidad que le caracterizaba decidió representar de manera real el nacimiento de Jesús.

Francisco de Asís muere el 3 de octubre de 1226 apenas a los 44 años. Fue canonizado en 1228 y la Iglesia ha designado el 4 de octubre como día de San Francisco. En una época de consumismo extremo y opulencia, la vida y enseñanzas de Francisco de Asís siguen teniendo una vigencia y un vigor revolucionario.

San Francisco en el cine

La vida del santo de Asís ha concitado interés no solo en el campo religioso, sus enseñanzas y su modo de vida ha inspirado a varios directores de cine que han querido plasmarlo en el celuloide. Varias películas se han rodado, con una variedad de retratos desde los intimistas hasta los que llevan el símbolo de la espectacularidad.

Roberto Rossellini, en 1950, realizó uno de los grandes títulos asociados a la vida de Francisco, rodada con el estilo del neorrealismo italiano tan en boga en esos años.

En 1961, el director norteamericano Michael Curtiz filma Francisco de Asís, esta película a diferencia de la anterior está rodada al más puro estilo hollywoodense.

Liliana Cavani, una polémica directora italiana, abordó en dos ocasiones y con varios años de diferencia una biografía del santo. La primera en 1966 muestra en toda su crudeza la toma de conciencia de Francisco que ve con sus propios ojos los horrores de la guerra y la injusticias cometidas contra los débiles. Fue premiada con la Espiga de Oro en el festival de Valladolid.

La segunda, en 1989, volvería a insistir en el personaje con el actor Mickey Rourke en el papel de Francisco.

En 1972, Franco Zeffirelli realizó una de las mejores versiones cinematográficas de la vida del santo de Asís, el filme Hermano sol, hermana luna. La película es una verdadera poesía visual, llena de fuerza y una dirección actoral perfecta.

Franciscanos en el país

La presencia de la orden franciscana en el Ecuador data desde la época colonial, en el siglo XVI. Una vez asentados en nuestro territorio se caracterizaron de inmediato por su ayuda a los indígenas, este apoyo se manifestaba pidiendo al Cabildo de Quito donaciones de terrenos para ser cedidos a los aborígenes para su respectivo cultivo. Igual se dedicaron a la construcción de templos destacando el de San Francisco en Quito inaugurado en 1705, y el de Guayaquil ubicado en la antigua calle de los franciscanos, construido en 1702.

Algo que destaca de la orden en el país es ser los pioneros en el campo de la educación, construyeron el colegio San Juan Evangelista y luego el colegio San Andrés en 1555, donde se impartía enseñanza a españoles e indígenas. Este último es uno de los inspiradores de la cultura quiteña especialmente en las artes, de este colegio salieron decenas de artistas que nutrieron las filas de la llamada Escuela Quiteña y cuyo arte sacro goza de prestigio internacional y que adorna para regocijo de los visitantes el interior de la iglesia San Francisco de la ciudad de Quito.

Destacados franciscanos han hecho su labor misionera en estas tierras, entre ellos, fray Jodoco Ricke, fray Pedro Gosseal y fray Vicente Solano. (I)

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