Repatriación de ecuatorianos calma dolor que dejó tráfico de droga

Jaramijó –

El abrazo de ‘María’ con su hijo, a quien no veía tres años, duró un poco más de un minuto. Las lágrimas de esta robusta mujer residente en pleno centro de Jaramijó estaban cargadas de tanta emoción que, al igual que otros familiares que llegaron a verlo en el arribo a Latacunga, pensaban que ese abrazo sería eterno.

Apenas fueron 15 minutos de encuentro con su hijo, quien fue detenido en aguas internacionales y luego recluido en una cárcel de Estados Unidos. Él fue uno de los 31 pescadores repatriados por el Gobierno ecuatoriano, en un tercer grupo que llegó esta semana.

Atrás quedó para este hombre de 36 años su natal Jaramijó, cuyas costas en los últimos años han “pescado” a miles de almas que tratan de mejorar sus vidas transportando sustancias ilícitas.

María llevaba tres navidades sin abrazar a su hijo, apenas recibía llamadas telefónicas para decirle que estaba bien, que le daban trabajo en la cárcel, donde lo recluyeron para cumplir una sentencia de 8 años.

La madre cuenta que rogó tanto a Dios para que el mar que se lo llevó se lo devolviera. Y en tres años, esa súplica surtió efecto al ser incluido en ese nuevo grupo de repatriados que llegó el jueves.

Él, al igual que los otros repatriados, fue enviado al centro de rehabilitación social El Rodeo, en Portoviejo.

Allá pretende llevarle un cebiche mixto de mariscos.

‘Dolores’, otra madre que no quiere que su nombre real se sepa, aún no ha podido ver a su hijo, pues prefirió dar ese cupo a su nuera y nietos, quienes buscaban ansiosos a su padre.

Ella cree que el terremoto no solo que casi tumbó la casa de su hijo de 42 años y padre de cuatro hijos, sino que también resquebrajó su alma, al verse con una vivienda casi a punto de caer y sin dinero.

Eso, según la mujer, habría sido la causa para que se dejara tentar por grupos de narcos para llevar alcaloides en junio del 2016, a solo dos meses del fatídico terremoto.

“Nos enteramos un 26 de junio (del 2016), fue muy duro para nosotros. Fue algo tan rápido que caímos en desesperación (…), una llamada nos alertaba de que nuestro hijo estaba detenido en Estados Unidos. Yo lloraba porque él no se encontraba con nosotros y menos con sus hijos”, recuerda la mujer.

Con sus otros hijos y el aporte de su nuera trataron de suplir la ausencia de este pescador que tiene una sentencia de 7 años, con cinco por cumplir.

Para Jazmín Vega, presidenta de la Asociación de Familias con Esperanzas de Esmeraldas, el volver a abrazar a su esposo fue un momento más que anhelado, sentimientos llenos de emociones encontradas y que jamás pensó vivirlas.

“Cuando comencé esta lucha de mi esposo hubo personas que no creían en mi fe, en mi sacrifico, que no creían que les devolvería la alegría a mis hijos, en volver a ver a su padre, y ahora que el sueño de mis hijos, de mis compañeros y de mis compatriotas se cumple, puedo decir que mi Dios existe”, comenta Vega, quien espera poder concretar ofertas de trabajo, para las que –dice– recibió capacitación junto con las asociadas.
Hoy, en El Rodeo, las familias podrán reencontrarse con sus parientes.

Detenidos
En la Asociación de Madres y Esposas de Pescadores Artesanales detenidos hay el registro de 141 ecuatorianos en diversas cárceles de Centro y Norteamérica. Carlos Carrión, secretario de esta organización, señala que incluso conocen de unos 40 pescadores que no se sabe de sus paraderos, situación que causa aún más desolación en sus familiares. Esta agrupación congrega a familias de Manabí, Santa Elena y Esmeraldas que tienen parientes encerrados por casos de tráfico. (I)

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