La morfina escasea en Ecuador y en América Latina

Eran quejidos de muerte. “Me decía que el dolor era demasiado fuerte, que no aguantaba más, que quería morirse para ya no sentirlo. Me partía el alma escucharla”. Son palabras de Ana (nombre protegido) al describir lo que vivió su hija, hoy de 13 años, luego de que hace doce meses le diagnosticaran osteosarcoma (el tipo más frecuente de cáncer de huesos) en el hospital de Solca de Guayaquil.

La adolescente tiene la pierna derecha amputada ya que el cáncer empezó en la rodilla. Las revistas especializadas indican que puesto que el osteosarcoma se suele desarrollar a partir de los osteoblastos (las células que ayudan a crecer a los huesos), tiende a afectar a los adolescentes que están experimentando el estirón propio de esa edad.

Pero tras la amputación la metástasis llevó las células cancerosas al pulmón. De allí los dolores, que ahora ya se han superado, cuenta Ana: “Tomaba morfina (en gotas), oxicodona, tres veces al día, fue un proceso bien difícil, gracias a Dios ya no toma”.

Al inicio, admite Ana, tenía temores de que su hija se volviera adicta, pero ya no al ver los resultados. “Le daba tal como me lo recetaron, por ahora ya no necesita”.

Mariana Vallejo, especialista en cuidados paliativos del hospital de Solca en Guayaquil, afirma que “el objetivo es brindar calidad de vida a quienes tienen una enfermedad catastrófica, tanto a los niños como a los adultos. No es que está destinada solo al paciente en etapa terminal”.

El paliativista, agrega, atiende cualquier síntoma que genere sufrimiento con enfoque multidisciplinario, ya que intervienen también psicólogos, psiquiatras. “Con la familia se trabaja el concepto de la vida y la muerte”, dice Vallejo. El hospital matriz de Solca en Guayaquil asistió a más de 8.000 pacientes oncológicos en terapias contra el dolor durante el año pasado.

Un estudio publicado en octubre del 2017 por la Comisión Lancet, creada para analizar el dolor y sus causas, determinó que 25,5 millones de los 56,2 que murieron en el mundo durante el 2015 padecieron sufrimiento grave relacionado con una condición de salud, más 35,5 millones que no fallecieron pero tuvieron sufrimiento por enfermedades como cáncer, VIH, lesiones, demencia, enfermedades de hígado, pulmonares. El 80% de ellos no tiene acceso a medicinas paliativas, principalmente opioides como la morfina. En ese grupo hay 5,3 millones de niños.

La escasez afecta a toda la región, pero Argentina es uno de los países que más ha avanzado al respecto. Nicolás Dawidowicz, coordinador del plan de cuidados paliativos de ese país, dice que los afectados deben exigir el tratamiento para apaliar el dolor como un derecho: “Está muy constituido en el imaginario que el cáncer tiene que doler, entonces se acepta el dolor como algo normal de un proceso de la enfermedad. El paciente debe exigir un tratamiento para enfrentar el dolor físico como un derecho. Allí es cuando se generará un cambio desde abajo”.

“Los opioides pertenecen a la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud, pero en la región hay una gran restricción pese a que son de bajo costo”, dice Tania Pastrana, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Cuidados Paliativos en el Congreso sobre el tema realizado el mes pasado en Lima, Perú. (I)

Tomado de El Universo – Ecuador

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