En Tulipe también lloran a la cadete Sofía Chico Vallejo

Pichincha –

El luto por la muerte de la cadete ecuatoriana Érika Sofía Chico Vallejo llegó hasta Tulipe, un barrio de la parroquia rural de Nanegalito, ubicado a unos 70 kilómetros en el noroccidente de Quito, donde su abuelo materno Héctor Vallejo, un hombre de 75 años, llora la partida inesperada de ‘Sofiíta’, como él la llamaba con cariño desde su infancia.

Los ojos de don Héctor se llenan de lágrimas cuando recuerda los momentos felices que vivió junto a su nieta, ya sea en la casa donde la vio crecer en Carcelén (en el norte de la capital) o en Tulipe, donde su “adorada nieta” lo visitaba desde aquel 2012 en que él se jubiló y volvió a su terruño.

“Ella siempre fue cariñosa y por ese amor que me tenía me decía Papi Hecti. Nunca me dijo abuelo”, cuenta y su voz se quiebra, se silencia unos segundos, y por sus mejillas se deslizan algunas lágrimas.

“Siempre soñó con ser oficial de una institución del orden público. No pudo ingresar a las Fuerzas Armadas y tampoco al Cuerpo de Bomberos”, añade mientras recuerda que en 2016 por perseverancia y dedicación ingresó a la Policía Nacional.

“Fue duro porque al inicio la rechazaron de la Policía por tener el tabique virado, pero después logró entrar. Fue una felicidad inmensa”, evoca.

La última vez que don Héctor vio a su nieta fue en las pasadas fiestas de Navidad y Año Nuevo. La familia se reunió en la capital, y, dice, pasaron “momentos muy hermosos”.

“El año pasado vino a Tulipe. Le gustaba la naturaleza y compartir con los animales”, menciona don Héctor.

‘Sofiíta’ fue electa dos veces reina de Tulipe y representó a este barrio en la elección de la reina de Nanegalito. Las dos ocasiones quedó en segundo lugar, recuerda el abuelo.

El día fatídico para la familia Chico Vallejo fue como si el mundo se acabara. El jueves pasado don Héctor había ido a Quito a una cita médica de oftalmología. En medio del ajetreo, les informaron que su nieta estaba herida luego del atentado terrorista en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, de Bogotá, donde estudiaba tras haber ganado una beca.

“Mi hija Yolanda (madre de Érika) se desmayó. Todo fue confusión. Después de unas horas nos confirmaron de su muerte y no lo podíamos creer. Estuvo tan feliz, cariñosa en Navidad y fin de año, que era increíble que estuviera muerta”, relata al tiempo que sus ojos se humedecen otra vez.

Érika Sofía, de 27 años, era la primera nieta de don Héctor –del matrimonio entre Roberto Chico y Yolanda Vallejo–. Luego nacieron Roberto y Pamela. Aparte, cuenta el abuelo, tiene otros 11 nietos, pero viven en España junto a sus padres. “Muchos están en camino hacia Quito para acompañarle a ‘Sofiíta’ en su adiós”, afirma.

Dice tener muchas anécdotas inolvidables de Sofía, pero en ese momento parecen quedar encerrados en su mente, cuando unos 10 vecinos ingresan a darle el pésame y otra vez el dolor inunda a don Héctor, en cada abrazo solidario.

“Este sábado (llegó ayer a las 16:00) regresa a Quito y ahí esperaré hasta que llegue el cuerpo de mi nietita. Quiero verla y despedirme, aunque ella esté en un ataúd y no me escuche nada”, agrega. (I)

Cadete cuencana

La cuencana Carolina Sanango, quien sobrevivió al atentado a la escuela de formación de cadetes General Santander de Bogotá, Colombia, volvió ayer a su casa en Cuenca. Arribo junto a su padre, Edwin Sanango, en el vuelo de las 17:30 de ayer de Latam desde Quito. Su llegada a la ciudad fue totalmente hermética. Fue recibida por un jefe policial quien la sacó por la puerta lateral del aeropuerto en un patrullero y ni siquiera sus parientes pudieron acercarse.

Tomado de El Universo – Ecuador

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