1.800 bebés mueren cada año, en Ecuador, antes de cumplir el primer mes

La noticia llegó de sorpresa. Kenny, de 25 años de edad, dice que tenía un flujo menstrual normal cuando se enteró que ya tenía seis semanas de embarazo. “Incluso me sometí a una ecografía, no sabía que estaba en estado”, afirma.

Ahí un doctor particular le dijo que tendría gemelos (serían niñas). Desde entonces el embarazo se complicó. “Tuve náuseas, vómitos, un sangrado masivo”. Eran anuncios de lo que vendría: una de sus gemelas murió el 28 de diciembre pasado a los 15 días de nacida por lo que era una neonata, periodo que incluye a los bebés que llegan a los 28 días de vida.

Kenny no sabe si la causa fueron sus arduas jornadas de trabajo de doce horas como enfermera en las que permanecía de pie, cuenta. O la atención médica que recibió al inicio en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), donde dice que un médico que la atendió le dijo que tenía una noticia positiva y otra negativa: “La buena es que aún siguen las bebés dentro de usted y la mala es que en cualquier momento las va a perder”, y que luego de eso la envió a la casa. Ante ello buscó atención privada.

Pero el reposo en casa que le prescribieron y las cuatro veces que estuvo internada por más de una semana no impidieron que el parto se adelantara. “A las 30 semanas de embarazo me hicieron la cesárea en el hospital Teodoro Maldonado Carbo (del IESS) porque una de mis hijas estaba sentada y la otra de cabeza. La que murió salió complicada con los pulmones, necesitó de incubación pero solo resistió quince días. Mi otra nena fue transferida al hospital Roberto Gilbert de la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG), salió mejor con los pulmones y no fue a incubadora”.

El resto es aún una historia con interrogantes. Que las niñas nacieron con una infección, le dijeron. ¿Pero cuál?, preguntaba ella. La respuesta llegó dos días antes de que muriera la niña, tenía la bacteria KPC (Klebsiella pneumoniae), un tipo de microorganismo que se contagia en entornos hospitalarios. Kenny y su otra gemela que logró sobrevivir también tenían la bacteria. Su duda es si la contrajo en su trabajo como enfermera o en el quirófano durante la cesárea. “La vesícula de la gemela que me queda no está bien desarrollada y solo se estaba alimentando con mi leche materna que se la daban en mínimas cantidades por sondas”.

El caso de las gemelas refleja la fragilidad ante los trastornos por prematurez, la tercera causa de mortalidad neonatal tras la dificultad respiratoria y la sepsis bacteriana, según el Ministerio de Salud Pública. El bajo peso al nacer, las malformaciones congénitas del corazón y la asfixia siguen como causas.

En el hospital de la mujer Alfredo G. Paulson nacieron 9.821 bebés durante el 2018. Foto: Ronny Zambrano.

Especialistas indican que si bien hay una disminución significativa de la tasa de mortalidad neonatal en Ecuador entre 1990 y 2014, desde este último año se registra un repunte. El número de muertes de neonatos por cada mil nacidos vivos pasó de 4,6 hace cinco años a 5,6 en 2017, último dato disponible en el INEC, el cual es provisional ya que no incluye las muertes registradas de forma tardía.

En 2014 murieron 1.554 neonatos en Ecuador. El número subió a 1.859 durante el 2017. El Ministerio de Salud Pública (MSP) indica, en respuestas enviadas vía email, que “el registro del número de defunciones neonatales mejora progresivamente en el país lo que puede contribuir a un aumento del número de casos, y por lo tanto a un aumento de la tasa de mortalidad neonatal, situación que ocurre en cualquier parte del mundo cuando mejoran las notificaciones de datos como los nacimientos y defunciones”.

Patricia Pinto, neonatóloga del Omni Hospital, dice que la mayor parte de estas muertes están asociadas a la prematurez que se evidencia cuando nacen entre las 34 y 37 semanas o menos. A ello se suman los neonatos que nacen con bajo peso.

En el hospital Alfredo Paulson de la JBG nacieron 9.821 bebés durante 2018 de los que el 25% (2.462) tenía menos de 2.500 gramos de peso y el 1,1% (117) nació muerto, es decir, eran mortinatos. A estos últimos no se los incluye en las cifras de la mortalidad neonatal.

Cecilia Massache, jefa de Neonatología del Hospital de Niños Roberto Gilbert de la JBG, considera que un control prenatal óptimo puede reducir el riesgo de muerte de los neonatos. “Una embarazada mínimo debería tener ocho controles previos, pero generalmente van una vez o dos veces y de allí ya no acuden a las citas”.

Hay otras patologías que se asocian al bajo peso, dice Massache, como la hipertensión que se presenta durante el embarazo, la falta de nutrición adecuada de la madre y el consumo de drogas de las embarazadas. “Otra cosa que ha ido en aumento en los últimos años por la cantidad de casos que hemos visto es el consumo de sustancias ilícitas”, dice.

Algunas malformaciones están asociadas a la drogadicción. En estos casos las embarazadas por lo general no admiten ante el médico que son adictas, pero luego tras los exámenes se determina que sí lo son.

Luis Eguiguren, pediatra y catedrádico de la Universidad San Francisco de Quito, afirma que las drogas alteran la circulación sanguínea. “La cocaína produce espasmos en los vasos sanguíneos que en algunos casos pueden llegar a cerrarse completamente, pueden causar crisis de hipertensión, que a su vez, causan afectaciones tanto a la madre como al bebé que está dentro del útero”, indica.

La principal causa de muerte en el hospital Roberto Gilbert es la sepsis bacteriana asociada a infecciones maternas no tratadas. “Las embarazadas deberían atender todas las infecciones de vías urinarias, cuando tengan flujo leucorrea (secreción genital producida por la inflamación de la membrana mucosa del útero y la vagina) deberían ir inmediatamente a su médico, porque de ello va a depender que el embarazo no venga antes de tiempo”, dice.

La clave es tener un buen control prenatal que diagnostique los posibles problemas, concuerdan las especialistas. “Cuando estos embarazos son de alto riesgo no pueden ser atendidos en cualquier lugar, tienen que ir a un centro de nivel terciario con una terapia intensiva capaz de hacer que el niño sobreviva”, agrega Massache.

Kenny retornó a su hogar con la gemela sobreviviente el martes pasado: “A pesar de todo, la experiencia de ser mamá es única y si Dios me permite procrear de nuevo sería después de un tiempo prudente, no dudaría en volver a ser mamá”. (I)

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