Diana Salazar marcó un hito, pero no todos le dieron la bienvenida

Quito –

Diana Salazar se sentó por primera vez en el sillón asignado al fiscal general del Estado el martes 9 de abril, a las 08:10, casi 18 años después del día en que ingresó a la institución como amanuense, con 20 años cumplidos y un sueldo de 68 dólares. Aquel momento, en el tercer piso, donde está su despacho, confirmó lo que ya sabía: que puertas adentro no puede confiar en nadie por la sencilla razón de que nadie o muy pocos confían en ella.

Su carrera fue más difícil que la de sus compañeros. La llegada de una mujer joven, humilde y afroecuatoriana o negra –como se prefiera, ha dicho– supuso un golpe a una entidad que se resiste a los cambios.

Luego de ser amanuense y secretaria de fiscales, quiso ser fiscal en el 2011, cuando Washington Pesántez era la máxima autoridad. “Concursé, eran catorce vacantes, quedé en séptimo lugar. Pero resulta que el fiscal elige al uno, al dos, al tres, al cuatro, al cinco, al seis, al ocho, al nueve, al diez, al once, al doce, al trece, al catorce y al quince. ¿Y qué pasó? No, que si la morena quiere ser fiscal que se vaya a San Lorenzo”, le contó a la revista Diners. Reclamó hasta que fue ascendida.

Recuerda que en 2017, cuando le tomaba la versión a Luis Chiriboga –intocable dirigente de fútbol, en su momento; hoy preso por lavado de activos– escuchó cómo este le decía: “La cocinera de la Casa de la Selección es negra”. También hubo abogados que en lugar de dirigirse a ella como fiscal le hablaban a su asistente, una rubia.

A la par, Diana Salazar –que no tiene un carácter angelical– hizo varios posgrados en el país y recibió cursos; los más decidores, en Estados Unidos. Su tesis en la Especialización en Derechos Humanos, en la Universidad Andina, reveló que menos del 1% de los profesores universitarios son afroecuatorianos. La dedicó a su madre.

Con el tiempo, Salazar se hizo un nombre: procesó a Luis Chiriboga, llevó el caso March Game (de lavado de activos) y halló los elementos de convicción para procesar a Jorge Glas en el reparto de coimas de Odebrecht. En la Unidad de Análisis Financiero sacó informes sobre el exministro Iván Espinel o la exvicepresidenta Alejandra Vicuña, ayudó al Gobierno para que Tomislav Topic (relacionado con Ricardo Rivera, tío de Glas) “devuelva” al Estado $ 13,5 millones de dudoso origen.

La prensa la abordó enseguida. Y le gusta. Cuando se postuló a fiscal general, periodistas y hasta los abogados litigantes –como Felipe Rodríguez– la llenaron de elogios.

Sin embargo, también tuvo detractores. En marzo de este año, su designación estuvo acompañada por denuncias de ser la “aspirante oficialista”. En las redes sociales, sus respuestas fueron ridiculizadas, poniendo en tela de duda su competencia para el cargo.

Adentro de la Fiscalía hay bandos: los correístas, los anticorreístas, así como los que defienden y acusan en temas que ponen en juego mucho dinero: lavado, peculado, trata, contrabando, narcotráfico… Su equipo lo reconoce: no todos le dieron la bienvenida, dicen.

Salazar levantó muchas expectativas, pero recién empieza su periodo de prueba. Solo en el campo político heredó trece investigaciones contra Rafael Correa y uno contra Lenín Moreno; además, tiene pendientes denuncias contra la presidenta de la Asamblea, Elizabeth Cabezas, y 25 legisladores acusados de concusión (diezmos) y tráfico de influencias.

Tras los aplausos por la designación, pide un respiro. Si bien mucho depende de su estrategia, un amplio margen de gestión escapa a su control directo por su falta de autonomía frente a la Judicatura, máximo ente de la Función Judicial.

Después de asumir su despacho, el 9 de abril, se reunió por la tarde con los fiscales más importantes. La felicitaron, se rieron y recibió el abrazo de su subrogante, Wilson Toainga, recordado por estar siempre en el grupo de los jefes: Galo Chiriboga, Carlos Baca, Paúl Pérez, Ruth Palacios… Ella se dio cuenta de que un fiscal se pasó por atrás y no la saludó. (I)

La fiscal general

DATOS PÚBLICOS

Perfil

Diana Salazar tiene 37 años. Nació en Ibarra y llegó a Quito en su adolescencia para estudiar. Según datos de de la Contraloría General del Estado, su patrimonio asciende a $ 181.940.

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Tomado de El Universo – Ecuador

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