Reflexiones ‘paralitúrgicas’

Juan Ignacio Vara Herrero

Todas las liturgias son creaciones humanas, pensadas para un uso colectivo. Esto vale para las patrióticas, las deportivas, las religiosas, las políticas, las comerciales. En todas se echa mano de palabras, solas o musicalizadas, de colores, atuendos, gestos, gritos más o menos sincronizados, aplausos, danzas, silencios. En los diccionarios aparece el término como referido a las celebraciones religiosas, pero, si miramos la vida con paz y humor, estaremos de acuerdo con  que hay más “liturgia”, a veces, los domingos, en un estadio de fútbol que en una catedral.

Por la época en la que estamos, nos referiremos solo a la liturgia religiosa, cristiana y católica en este caso, que se estrena cada año por la Semana Santa. Los fieles conmemoran estos días desde la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo el Domingo de Ramos, hasta su resurrección en la madrugada del domingo de Pascua. Y, para hacerlo, han creado una serie de signos que vamos a comentar brevemente.

Se recuerdan momentos que, de haber habido en aquel tiempo cámaras y micrófonos, podrían estar grabados y solo nos quedaría verlos, sin nada que añadir. Como no existía esa tecnología, ahí está la creatividad de poetas, músicos y artistas populares que imprimen color, ritmo y “peso” de trascendencia a gestos y melodías. Luego, los expertos eclesiásticos han preparado unos textos bíblicos que permiten enlazar el antes y el ahora, aunque, a veces, quedan un poco lejos de los cristianos de a pie. Por todo el mundo hay procesiones “del borriquillo”, se lava los pies a unas personas el Jueves Santo y se hace una misa más “cercana” que la de a palo seco de algunos domingos; la vergüenza de la cruz y la sangre corriendo por el cuerpo de Jesús está en todos los cristos de pueblos y ciudades, a los que se pasea procesionalmente y en silencio en cortejo funerario. Todo eso era grabable, fotografiable, escuchable, visible. Pero… ¿y la liturgia del Sábado Santo por la tardenoche?

¡Es la más importante de todo el año para los cristianos! En ella se “celebra” algo que nadie vio ni ve, algo que no se podría registrar con las cámaras más sofisticadas y que los creyentes dicen que sigue sucediendo: ¡que Jesucristo vive!, que el Padre Dios lo “resucitó”. Pero no para que volviera a los caminos de Galilea, a romper sandalias y pasar sed, sino para que viviera en todas las personas que buscan a Dios y aman a sus semejantes. Eso no se ve, ni se sabe; eso “se cree” y hasta se puede sentir en lo hondo del corazón y en el temblor de un abrazo. Por eso, el Sábado Santo todos los cantos son de alegría, se encienden muchas lucecitas y algunas muy grandes, la gente se abraza y aplaude y, en algunos sitios, hasta se toma un chocolate o un vinacho de puro contenta de creer que la muerte no será el final de la vida, aunque sea el final de la historia.

Y es que los cristianos, si no se han olvidado de sus evangelios, son conscientes de que lo suyo es hacer del cada día una Pascua de vida porque cada mañana, con el sol, comienza un domingo de resurrección, por más que muchas de las noticias del telediario sean de muerte. Siempre, aunque no vayan a los templos más que en el fin de semana, pueden multiplicar en sus vidas la liturgia de los abrazos, del cuidado de los más pequeños, de la búsqueda de la Verdad en las pequeñas verdades. Para ellos, para todos.

TODAS LAS SEMANAS SON SANTAS. A celebrarlo. ¡Feliz pascua de resurrección! (O)

Tomado de El Universo – Ecuador

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