Emperador Akihito cede en vida el Trono del Crisantemo

Japón –

Este 30 de abril se producirá la abdicación (la primera en más de 200 años) del emperador japonés Akihito con una ceremonia, para mañana entregar la jefatura de Estado.

Su primogénito, Naruhito, lo sucederá oficialmente en el Trono del Crisantemo (trono imperial de Japón), con lo que se pasará de la era Heisei (“consecución de la paz”) a la era Reiwa (“bella armonía”), según información de AFP.

En 30 años de reinado, el emperador Akihito y su esposa, la emperatriz Michiko, han cambiado con suavidad el muy rígido sistema imperial japonés, acercándose al pueblo y propagando un mensaje de paz.

Bajo su aspecto frágil y apagado, el monarca, que optó por un matrimonio de amor con una plebeya a la que conoció en una cancha de tenis, ha llegado a expresar en sus viajes remordimiento por los abusos cometidos por Japón durante la primera mitad del siglo XX.

Su forma de ser, sus visitas a víctimas de catástrofes naturales, del brazo de Michiko, quizá contrariaron a los tradicionalistas, para quienes su rol debía limitarse estrictamente a la oración y a la ejecución de una multitud de ritos, pero le ganaron el respeto y el afecto de sus compatriotas.

Akihito nació el 23 de diciembre de 1933, cuando su país se lanzó a una conquista militarista de Asia, en nombre de su padre, el emperador Hirohito. Tenía 11 años cuando la Segunda Guerra Mundial terminó con una humillante e incondicional capitulación de Japón.

Hirohito fue despojado entonces de su estatus casi divino y se convirtió, con la Constitución pacifista impuesta por EE.UU., en “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”, carente de poder político.

Akihito heredó el trono en enero de 1989, tras la muerte de su padre, convirtiéndose en el 125º emperador.

En tanto, Michiko Shoda, hija de un empresario y alumna de un centro católico de Tokio, se convirtió en la primera emperatriz que no procedía de la nobleza. Se casaron en 1959.

La pareja decidió vivir con sus tres hijos, una niña y dos niños, entre ellos Naruhito, en lugar de dejarlos en manos de institutrices. Como había ocurrido con Akihito, quien fue entregado a los tres años a una educadora estadounidense.

Michiko contribuyó a humanizar la relación entre el soberano y el hombre de la calle.

Para muchos, la popularidad del emperador le permitió traspasar límites y expresar de forma sutil sus opiniones, pese a que la Constitución le impide tratar temas políticos.

Akihito mostró claramente una aversión hacia el nacionalismo, y expresó su remordimiento por los excesos de su país en el siglo pasado, una posición interpretada a veces como un rechazo a la postura nacionalista del primer ministro Shinzo Abe. Durante una famosa visita en 1992, admitió que Japón “infligió grandes sufrimientos a la población china”. Y en 2001, llegó a recordar que parte de sus antepasados procedían de la península de Corea, algo inaceptable para los nacionalistas. 

Quejas

Por el cambio Japón declaró 10 días de vacaciones oficiales. Es el periodo más largo de ocio que se recuerde en el país, conocido por ser una sociedad con largas jornadas laborales. 45 % de la población lo ve como demasiado tiempo para cerrar servicios públicos y las escuelas. (I)

Tomado de El Universo – Ecuador

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