Jacinto, novel velerista guayaquileño que tuvo acción ejemplar en lago de San Pablo

Aunque solo se trataba de una jornada de práctica para la regata del siguiente día, el objetivo de Jacinto Jouvín Rosales, de 12 años, era llegar entre los primeros veleristas.

El viento que corría a las 18:00 en el lago de San Pablo, provincia de Imbabura, lo motivaba a esforzarse por direccionar bien su optimist (embarcación de vela ligera), pues sabía que si caía el agua estaría helada y aquello le provocaba algo de adrenalina.

Mas, cuando a su marcha se encontró con que María José, una de las participantes de aquel viernes 30 de agosto, se había virado en su embarcación, Jacinto cambió su propósito inicial y se tiró al agua en auxilio de su compañera, dejando de lado la práctica.

“En ese momento, o sea, me nació, como a todo el mundo debería, que es el tema de ayudar al prójimo”, dice el adolescente sobre su iniciativa.

Y explica que su ayuda para con María José consistió en ayudarla a ubicarse bien en el bote hasta que llegue uno de los instructores y se la lleve.

Cumplido aquello, relata Jacinto, él se quedó en el velero de su compañera, levantó la orza (parte baja de la embarcación) y se quedó sacando el agua que se había metido.

Hasta allí él sentía que no había hecho nada extraordinario. Puso de manifiesto la solidaridad y el compañerismo, valores inculcados en el seno de su hogar por sus padres Jacinto Jouvín y María Rosales.

En virtud de eso continuó velereando hasta llegar al club náutico de San Pablo, donde sus padres y sus compañeros lo felicitaron con una euforia de la que se contagió.

“Me siento totalmente orgulloso, el momento que llegó lo aplaudían, se me salía el orgullo del pecho”, narra el padre del adolescente, quien vio la acción del adolescente por medio del drone que captaba las incidencias de la jornada.

Jouvín señala que al ver la iniciativa de su hijo se le salieron las lágrimas. “Le dije no me importa que hayas quedado primero, segundo, tercero o último, lo que hiciste hoy (viernes), de eso se trata el deporte”, indica el padre de familia.

La acción solidaria de Jacinto, quien practica velerismo desde hace un año, trascendió del lago de San Pablo hasta el Salón de la Ciudad del Municipio de Guayaquil, donde también recibió aplausos por el gesto que para él no lo ubica como un héroe sino como un ser humano que hizo lo que correspondía en ese momento.

En la sesión de Concejo municipal del jueves 5 de septiembre, la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, reconoció a Jacinto con un acuerdo.

“Para mí el optimist es como un deporte que me ayuda a combatir mis miedos y es un deporte que me da seguridad de mí mismo al momento que tengo que hacer estrategia”, comenta el adolescente.

Él entrena en Salinas, donde ha visto a María José, aunque no tiene tanta cercanía con ella. Sin embargo, al día siguiente del episodio la deportista y sus padres también le agradecieron por el gesto.

Jacinto está contento del reconocimiento, pero enfatiza que solo cumplió su deber, no hizo nada extraordinario. (I)

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