Josefa Zambrano lleva 84 años tejiendo sombreros de toquilla

Portoviejo –

Las hebras de la paja toquilla se entrelazan con sus dedos con facilidad asombrosa, como si su arte hubiese nacido con ella. Al oficio de tejer sombreros gruesos, Josefa Antonia Zambrano Moreira le ha dedicado 84 de sus 96 años.

A su edad, esta entusiasta mujer no deja la labor que heredó de sus ancestros, pese a que algunos problemas de salud comienzan a condicionar su trajinar en la vida, dice.

No obstante, la agilidad con la que teje sombreros gruesos de paja toquilla a sus 96 años hace que quienes recién la conocen y las nuevas generaciones queden fascinados.

Ella vive en la comunidad de Pachinche Adentro, localizada a 25 kilómetros al este del centro de Portoviejo, en Manabí.

Cuenta que aprendió a leer y a escribir en la escuela 10 de Agosto de su comunidad –que aún funciona–. Llegó hasta tercer grado. El oficio de tejer lo heredó de su madre, Francisca Moreira, y tuvo el apoyo constante de su padre, Natalio Zambrano, ambos fallecidos.

Su nieto, Roque Cedeño, comenta que la materia prima para los sombreros la consiguen en Portoviejo, la capital manabita. Y aunque los pedidos han mermado en los últimos tiempos, ella no deja de tejer.

A medida que conversa, Josefa ajusta la paja mientras sostiene la horma en donde le da la forma al sombrero.

“Viendo a mi mamá aprendí”, afirma sobre la técnica y la tradición que heredó.

Recuerda que hace más de 40 años le pagaban un promedio de 5 sucres por cada sombrero. Ahora le dan $ 15 por un tocado grueso que elabora hasta en 15 días. Sus vecinos son sus principales clientes.

“No sé por qué ya no tejen, yo sí lo hago”, responde Josefa cuando se le consulta por qué sus vecinos no continúan con este oficio ancestral.

Cedeño, su nieto, cree que a más de lo laborioso del tejido, los bajos precios que pagan por este producto –elaborado completamente a mano– ha hecho que otros tejedores dejen de elaborar estas artesanías apreciadas y utilizadas por los agricultores de esta comunidad.

Para ellos es vital el uso del sombrero de paja toquilla, pues este producto los protege del inclemente sol, mientras trabajan en las fincas.

Josefa tiene siete hijos, 38 nietos, 81 bisnietos y seis tataranietos. Y aunque empieza a tener ligeros problemas con su visión izquierda, aún lee con facilidad y sin lentes.

Ella teje concentrada en la entrada de su casa, donde escucha también el trinar de los pájaros. Le gusta nombrar con frecuencia a sus hijos. Y mientras conversa no deja de enhebrar la paja toquilla.

Tiene algunos pedidos a los que le dedica parte de su vida. Cree que la comida sana, sin condimentos, que consumió en su juventud la mantiene lúcida y con ganas de seguir elaborando los sombreros que tienen tanta historia en Manabí. (F)

Ahora me lleva más tiempo para elaborar un sombrero (dos semanas), pero lo hago para mis vecinos principalmente, quienes aún quieren posarlos para su trabajo. Otros los llevan para pasear”
Josefa Zambrano, 96 años, tejedora

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