Otavaleños compartieron alimentos junto a las tumbas

Otavalo –

En el cementerio indígena Unorico Samashunchic del cantón Otavalo, en la provincia de Imbabura, los sanjuanitos entonados con guitarras, violines, arpas y otros instrumentos andinos alegraron y revivieron las tradiciones de los pueblos kichwas.

Miles de otavaleños se dieron cita en este camposanto para compartir alimentos junto a las tumbas de sus seres queridos durante este feriado. 

Las guaguas de pan, colada morada, maíz tostado, papas, berros, pescado, plátanos y otros alimentos preparados por las mamas eran llevados en canastos que cargaban en sus espaldas hasta las tumbas de tierra. 

Las familias se sentaban alrededor de las cruces mientras recordaban las vivencias compartidas por sus antepasados. Ellos decoraban con flores los nichos y a su vez compartían platos de alimentos. 

Según María Santillán,  todos los años prepara la comida favorita que gustaba a sus padres. “Aquí traemos muchos alimentos elaborados con nuestras manos, pero lo principal es lo que más le gustaba en vida a nuestros difuntos”, explicó María. 

El pescado frito acompañado de papas y ensalada fue el plato que degustó la familia Santillán para que amenizara su reunión. 

“Aquí escuchamos la misa y también pedimos a un ángel que nos ayude y nos guíe en los rezos, para que nuestros seres queridos descansen en paz”, explicó Segundo Guandinango. 

Los “ángeles” son personas que llegan vestidas de blanco con pañuelos azules o morados en sus cabezas, llevan campanillas, un libro de oraciones y agua bendita con pétalos de flores en sus manos. 

Ellos rezan en diferentes tumbas, donde las familias les agradecen con alimentos y en otros casos con dinero sin ninguna tarifa estipulada. 

En Otavalo también eligieron la mejor guagua de pan y el mejor caballito de pan. 

Esto con el objetivo de que las familias no pierdan la costumbre de amasar en sus casas reunidos en familia. 

“Les pedimos que participen para revivir las tradiciones, porque en la actualidad las familias indígenas han perdido sus costumbres, antes nuestras abuelas nos enseñaban a amasar el pancito, pero ahora ya prefieren comprarlo”, dijo Luis Guamán, presidente y administrador del cementerio. 

Cerca de 10 mil tumbas existen en este campo santo,  donde los indígenas llegaron desde diferentes provincias del Ecuador y hasta del extranjero. (I)

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